Dos años después, el banco lo llama: "Le podemos bajar la cuota a ₡64.114". Con la plata tan justa, suena a alivio.
Pero refinanciar vuelve a empezar el plazo y le suma una comisión. En vez de terminar en 5 años, terminaría en 7 años, y en total pagaría ₡5.891.183 en lugar de ₡5.110.817.
La cuota baja, pero la deuda le cuesta ₡780.366 más.
El contrato decía 18,0% anual. Pero eso es la tasa nominal: la efectiva es 19,6%.
Además, al darle el préstamo le rebajaron una comisión de ₡90.000: aunque debe ₡3.000.000, recibió ₡2.910.000. Y cada mes paga ₡9.000 de seguro.
Sumando todo, el préstamo le cuesta 27,9% al año. Para comparar: el tope legal de interés es 36,48% al año.
Don Carlos dijo que no. Siguió con su cuota y termina de pagar en 5 años, como estaba previsto.
Lo que más ayuda en un préstamo como el suyo: no refinanciar solo para bajar la cuota, revisar el seguro (a veces se puede cambiar) y abonar al principal cuando llega el aguinaldo, para que cada mes se paguen menos intereses.
1. Una cuota más baja no es una deuda más barata. Preguntá siempre cuánto vas a pagar en total.
2. La tasa del contrato no es el costo real. Sumale las comisiones y los seguros.
3. Los abonos al principal acortan la deuda. El aguinaldo puede ahorrarte meses de intereses.
4. Lo mejor de todo: no endeudarse. Un fondo de emergencia, aunque sea pequeño, evita préstamos caros cuando llega una urgencia.